Vino Blanco

El vino blanco es una apuesta segura para acompañar en cualquier ocasión. Un excelente compañero de comidas y veladas inolvidables. Los más ligeros y afrutados maridan a la perfección con todo tipo de aperitivos. Si la intensidad del plato es mayor como la que nos ofrece el pescado o la carne blanca, también debe ser mayor la intensidad del vino, como pueda ser un blanco de crianza. Y si vamos en busca de su mejor aliado, lo encontraremos en la gran variedad de quesos con los que podemos acompañar el vino blanco y lograr una perfecta unión. ¿Quieres saber más sobre el vino blanco? ¡Te seguimos contando!

 

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CURIOSIDADES SOBRE EL VINO BLANCO

 

Variedades de uvas blancas

Si hiciéramos un podio de uvas blancas españolas situaríamos en primer lugar la Verdejo por su calidad, a continuación, la Airén por ser la más cultivada en nuestro país y, en tercer lugar, la variedad Palomino que a través del vino de Jerez alcanzó fama mundial. Pero existe una mayor diversidad de uvas blancas autóctonas de España que están ganando renombre como la Albariño, la Godello, Macabeo o Garnacha blanca.

 

Si salimos de nuestras fronteras, encontramos todavía más tipos. Son las llamadas “variedades nobles” de uva blanca que han conseguido fama internacional, extendiéndose por todo el mundo gracias a su resistencia ante condiciones climatológicas adversas y su fácil adaptación. En esta categoría se encuentran las famosas Chardonnay, Sauvignon Blanc, Riesling, Viognier o Moscato, entre otras.

 

Elaboración del vino blanco

Existe una gran variedad de vinos blancos, pero todos siguen el mismo patrón durante su elaboración. ¿Quieres conocer las fases de la elaboración? Te las resumimos:

 

Vendimia: Durante esta fase, se recolectan las uvas en su óptimo punto de maduración. Se utilizan variedades de uva de piel blanca y mosto blanco, o bien uvas tintas y mosto blanco.

Despalillado: De este proceso se encargan unas máquinas especializadas que consiguen separar la uva del resto del racimo, asegurando la esencia del mosto sin que entre en contacto con el sabor del raspón (hojas, ramas, etc). Cuando se han despalillado los racimos, se obtiene el primer mosto conocido como mosto yema, mosto lágrima o mosto flor.

Estrujado: En esta fase, se separa el zumo de la uva del hollejo, aplicando presión en las uvas para extraer todo el mosto de ellas. En este proceso, se tiene especial cuidado de no romper las semillas para evitar sabores amargos.

Maceración: El mosto se deja reposar con los hollejos durante un tiempo para que la uva adquiera el color y otras características de la piel del fruto. El tiempo de maceración determina la cantidad de taninos adquiridos (sequedad), el cuerpo final del vino… Normalmente los vinos blancos suelen saltarse este proceso o tener una maceración de pocas horas a temperatura controlada para conseguir una sensación más amable y versátil que el vino tinto.

Sangrado y desfangado: A continuación, se separa el mosto que obtenemos de la fermentación de los hollejos y se deja reposar para eliminar todo rastro de restos sólidos.

Fermentación: Ya obtenido un mosto completamente limpio, comienza la fermentación a una temperatura entre 14º y 16ºC en barriles de madera o tanques de acero inoxidable que conservan la aromática de las variedades de uva. Según el tiempo de fermentación, obtendremos vinos blancos secos, vinos blancos semisecos o vinos blancos dulces. Durante la fase final, se puede dar crianza al vino introduciéndolo en barricas de roble que añaden notas de aroma y sabor a la uva, aunque los vinos blancos no suelen tener crianza en barrica.

Trasiego: Consiste en cambiar el vino de recipientes varias veces para eliminar restos sólidos y airear el vino. También pueden aplicarse sustancias clarificantes con el mismo fin, incluso someterlo a un proceso de filtrado final.

Embotellado: Fase final durante la cual el vino acaba de equilibrar sus aromas y matices en la botella.

 

Tipos de vino blanco

Dentro de la gran variedad de los vinos blancos, podemos establecer cuatro grandes grupos:

 

Vinos blancos ligeros y secos: Son vinos blancos jóvenes que no reposan en barrica. Apenas contienen azúcares residuales y extractos. Suelen servirse moderadamente fríos para tomar solos o bien con algún aperitivo ligero.

Vinos blancos amplios y secos: A diferencia de los anteriores, estos vinos blancos contienen una mayor cantidad de extractos (cuerpo del vino) ya que envejecen en botella o en barrica. Pese a su sequedad, ofrecen el sabor dulce de la fruta.

Vinos blancos semisecos: En este grupo entran los vinos blancos que, sin ser dulces, consiguen que el azúcar no se transforme enteramente en alcohol, convirtiéndose en vinos aromáticos perfectos para maridar con entrantes fríos, pescados o pasta.

Vinos blancos dulces: Hablamos de vinos con alta concentración de azúcares y extractos, lo que los vuelve más complejos, untuosos, complejos y elegantes, y, en caso de fermentar o criarse en barricas, se consiguen vinos más redondos que se disfrazan con los aromas especiados de la madera.

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