Vino Tinto

El vino tinto se elabora desde hace miles de años. Su origen se fecha sobre el año 8.000 a.C. en Georgia y más tarde en Oriente Medio con la aparición de la cerámica. Debido a su intenso sabor y largura, los vinos tintos son el acompañante perfecto para maridar carnes rojas, caza, guisos tradicionales y quesos. ¿Quieres saber más sobre el vino tinto? ¡Te seguimos contando! 

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CURIOSIDADES SOBRE EL VINO TINTO

 

¿Por qué se llama vino tinto y no rojo?

 

En realidad, muchos países lo llaman “vino rojo”, como es el caso de Estados Unidos, Canadá, Francia, Italia o Alemania. Entonces, ¿por qué en otros lugares como España recibe el nombre de vino tinto? Su origen es etimológico. La palabra procede del término latino “tinctus” que significa “teñido”. Retrocediendo en la historia hasta el siglo XVII, descubrimos que el vino blanco era el gran protagonista de la época, sin embargo, empezó a introducirse el “vino rojo”, que para muchos solo era vino blanco teñido. Este último empezó a ponerse de moda en Inglaterra y, poco a poco, en el resto de Europa. De ahí que en algunos países se le conociera como vino teñido y posteriormente como vino tinto. Con el tiempo, países como España, Portugal y gran parte de Sudamérica mantuvieron esa denominación por su capacidad de teñir.

 

Variedades de uvas tintas

 

El avance de la enología en España ha permitido que grandes variedades tintas autóctonas se hayan redescubierto y consolidado en nuestro país. Hablamos de variedades como la Mencía que se remonta a tiempos de los romanos, y que hoy nos ofrece vinos potentes, con un toque único de frescura y acidez; o la Garnacha, redescubierta en los últimos años con una fuerte expresión frutal. Pero, sin duda, la uva española por excelencia es la Tempranilla que representa una cuarta parte de los viñedos de España, con gran presencia en la Rioja y Castilla-La Mancha, y que cuenta con fama mundial. Sin olvidarnos de otras variedades mayoritarias como la Graciano, habitual en los coupages de los Gran Reserva de Navarra y Rioja; la Bobal, propia del Levante, de color cereza intenso y bajo nivel de alcohol; o la Monastrell, que da lugar a vinos tánicos ricos en alcohol.

 

Si hablamos de variedades nobles de uvas tintas, la primera a destacar es la Cabernet Sauvignon, de origen francés, siendo la más internacional y mejor valorada del mundo gracias a su fácil cultivo. Permite elaborar vinos tintos intensos a la vista, de mucho cuerpo y gran riqueza en taninos. Se caracterizas por una aromática frutal y floral que se vuelve cada vez más compleja según el tiempo de crianza.

 

También a destacar la variedad Syrah, situada en Los Andes, en las costas de Chile, Estados Unidos y Nueva Zelanda, cuyos vinos se caracterizan por tener mucho sabor y buen cuerpo, aunque la aromática final se incluye en un amplio abanico de posibilidades según el terruño de la vid y el clima donde se cultive. Fue introducida en España en 1982 por el Marqués de Griñón.

Sin olvidarnos tampoco de variedades como el Pinot Noir o Pinot Negro, procedente de la región francesa de Borgoña, una de las zonas más célebres del mundo vinícola, que ofrece algunos de los vinos tintos más elegantes del mundo. También la variedad francesa Malbec, hoy cepa insignia de Argentina, o la Merlot.

 

Elaboración del vino tinto

 

Los vinos tintos siguen el mismo patrón de elaboración, aunque los diferentes tiempos de cada fase y la omisión de alguno de los procesos, permite la gran diversidad de los mismos:

 

Vendimia: Se utilizan variedades de uvas tintas, cuya madurez depende de las condiciones climáticas. Generalmente suelen madurar después que las uvas blancas.

Despalillado: Según el tipo de vino tinto que se pretenda elaborar, se procede a despalillar los racimos o no. Por ejemplo, algunos vinos jóvenes se encuban enteros, mientras que otros son procesados por máquinas despalilladoras que suprimen el esqueleto del racimo de las uvas.

Estrujado: Este proceso facilita la salida del mosto, rompiendo las bayas de uva sin dañar el hollejo.

Maceración: El mosto entra en contacto aquí con los hollejos de la uva durante un tiempo determinado que determinará el cuerpo y sabor del vino tinto. En este punto sucede uno de los momentos más importantes de la elaboración del vino: la fermentación. El azúcar del mosto se transforma en alcohol debido a las levaduras naturales de la uva.

Prensado: La calidad del vino tinto depende especialmente de esta fase en la que los hollejos se someten a presión para separar el zumo contenido en las bayas hasta la desecación de los orujos.

Fermentación maloláctica: Con este proceso se regula la acidez del vino, transformando químicamente el ácido málico en ácido láctico. Ya sea de manera natural o artificial, la mayoría de vinos tintos son sometidos a esta fermentación. Gracias a ella, pierden un ácido fuerte que puede recordarnos a manzana verde, y adquieren uno más agradable, propio de productos lácteos.

Crianza: Llega el momento de criar el vino en barricas de roble, siendo la más común la barrica bordelesa. Solamente deben tener crianza aquellos vinos tintos que permitan una correcta evolución, lo cual dependerá de la calidad de la uva. La crianza es importantísima ya que agrega aromas y otros elementos que aumentan la complejidad aromática y táctil del vino tinto, redondeándolo y regalándole equilibrio y amplitud.

Trasiego: Durante la crianza, el vino se trasvasa de un recipiente a otro o de una barrica a otra, para eliminar los restos sólidos que van quedando al fondo y, al mismo tiempo, lograr un cierto grado de aireación.

Embotellado: El vino tinto puede tener una crianza final en la botella, sobre todo aquel que ha pasado por una crianza anterior en madera. El embotellado permite pulir el vino y hacerlo más elegante en boca.

 

Tipos de vino tinto

 

En España el vino tinto se clasifica especialmente por el tiempo de guarda, es decir, el tiempo que el vino ha permanecido en barrica y botella antes de su venta. Según este, encontramos cuatro grandes grupos:

 

Vinos tintos jóvenes: Hablamos de vinos tintos con el menor tiempo de guarda. En esta categoría se encuentran los vinos robles que suelen tener entre 3 y 6 meses en barrica.

Vinos tintos crianza: Son aquellos que envejecen al menos durante 24 meses de los cuales deben pasar entre 6 y 12 meses en barrica, y el resto en botella. Un vino crianza es capaz de aguantar entre cinco y diez años, según las condiciones de almacenamiento.

Vinos tintos reserva: Estos vinos amplían su envejecimiento hasta un mínimo de 3 años, de los cuales deben pasar al menos 12 meses en barrica y el resto en botella. El origen de la palabra “reserva” procede de la Rioja donde los productores guardaban los vinos de las añadas excepcionales a modo de reserva. La vida de un buen vino reserva puede superar los diez años de edad.

Vinos tintos gran reserva: Se trata de la categoría más prestigiosa del vino tinto. En ella se incluyen los vinos que envejecen unos 5 años (60 meses), de los cuales deben pasar al menos 18 meses en barrica y el resto en botella.

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