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Römerwein: la botella de vino más antigua del mundo

Dicen que el vino mejora con los años... ¿Se atreverá alguien a catarlo algún día?

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Su nombre es Römerwein. Se trata de la botella de vino conservada sin abrir más antigua del planeta. Puede verse en la actualidad en el Historische Museum der Pfalz. Esta auténtica joya fue descubierta en 1867 durante unas excavaciones en la región alemana de Renania-Palatinado. Se pretendía realizar los cimientos de un nuevo inmueble sobre lo que se conocía que era un asentamiento romano del siglo IV d.C. Lo que nadie esperaba era hallar una botella de vino intacta, preservada desde hacía más de 1.500 años de antigüedad. O, lo que es lo mismo, una cosecha de vino del año 350 d.C.

Descubierta entre dos difuntos

La botella fue descubierta cuando, en mitad de las obras, se encontraron dos tumbas pertenecientes a un hombre y una mujer, enterrados junto a dieciséis botellas de vino, todas ellas de vidrio (se cree que fueron enterrados con ellas para que les acompañaran en su viaje al más allá). De ese legado, solo una de las botellas se había conservado íntegra con el paso del tiempo. La botella tenía forma de ánfora y contaba con dos pequeñas asas con forma de delfín. Así, disponía del clásico sello-tapón de cera romano. Sin embargo, la mayor sorpresa se hallaba dentro de la botella: el interior conservaba un extraño líquido de color blanco que en algún momento (se cree) fue vino. Pero la pregunta que todos se hacían entonces era: ¿todavía será vino?

La botella de vino jamás abierta

La datación cronológica situó esta botella entre los años 325 y 350 d.C. Durante décadas, enólogos y químicos han sentido la gran tentación de destapar la botella y analizar su contenido, pero el temor a que la botella pueda fracturarse al abrirse y que el aire penetre y estropee su contenido (aún más si cabe), ha frustrado todas estas intenciones. De tal forma, que todavía hoy sigue considerándose vino y, por tanto, la cosecha más vieja del mundo. A juzgar por el material empleado en la botella (vidrio) y, muy probablemente, al estar aderezado con hierbas y aceite de oliva (algo habitual en los vinos romanos), esto ha favorecido su conservación todos estos siglos.

¿Pero qué hay realmente dentro de esa botella de 1.500 años de antigüedad? ¿Fue y sigue siendo vino? ¿Alguien se atreverá a catarlo? Seguramente no. Y ese será el gran misterio de Römerwein.

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